crea3 o la persuasión del arte libre

Crea3 es una plataforma integrada por grupo de artistas que compartimos, además de una amistad sincera, un deseo de profundizar juntos en nuestra pasión creativa.

Para nosotros ésta surge del impacto ante experiencias que movilizan nuestra capacidad de asombro, y que, de esta manera, acaban por reflejarse en nuestros textos, obras plásticas o montajes.

Pero, ¿a qué tipo de experiencias nos referimos? Ya sea para expresar la alegría o la tristeza, el humor o la añoranza, siempre a aquellas a la altura de nuestros deseos de justicia, belleza y verdad. Aquellas que, en definitiva, se hacen eco del carácter estructural e indeleble de estas exigencias dándoles respuesta, lo que a la postre se convierte en la expresión de un bien, y, por tanto, en una forma plenamente humana de hacer arte.

Esto es algo que ya habían comprendido bien los griegos al acuñar el término «kalokagathia», es decir, «belleza-bondad». No en vano dice Platón: «La potencia del Bien se ha refugiado en la naturaleza de lo Bello».[1]


¿Cómo sucede un arte humano?


Para nosotros, como para el poeta ruso Vjadeslav Ivanov, resulta patente que el gran arte nace de la vida, y, por tanto, del artista que experimenta hondamente sus preguntas y encrucijadas. De hecho, lo esperamos todo de esta perspectiva que ensancha la razón y el corazón llevando a la persona frente a su punto de fuga último, artístico y personal.

Así, el artista, a partir de todo aquello que le provoca, y acusando estos datos de su naturaleza, es antes testigo que creador, y, en este sentido, es primero generado que generador. Esto le permite, gracias al don recibido de su arte, transmitir nuevas miradas sobre su obra.

La inspiración, entonces, surge de un encuentro con un acontecimiento, interno o externo al sujeto. Esto hace al artista ser pasivo y activo a la vez. Pasivo en tanto que ser generado, testigo de un suceso; y activo en tanto que generador, creador «maternal»[2], engendrador de belleza. Esta es la razón por la que el pintor norteamericano William Congdon llamaba a sus obras «hijos».

De esta manera, el fruto que la obra supone nace de un amor a un hecho que ocurre, lo que, a su vez, convierte la labor artística en un acto de servicio. Un servicio sobre el que se sostiene mejor el ímpetu creador y que, además, refleja el agradecimiento por el don recibido.

De otra forma, el artista sería pasto de la fragmentación y la proyección autónoma de la vanidad, lo que sabemos es una de las actitudes más sofocantes de la actividad creativa.  Una concepción individualista que a menudo genera personajes extraviados en sus propias claves interpretativas; monstruos heridos en los que la obra se reduce a hermenéutica y biografismo.
 
Un arte así concebido se transforma pronto en un arte destructivo, que sólo puede simular construcciones artísticas, pero que no generar verdadero arte. Además, tal y como explica el escritor y poeta Pedro Antonio Urbina, «el auténtico creador conoce este disimulo y toda su insuficiencia»[3].  A esto mismo se refería William Congdon cuando al hablar de su enfebrecida etapa neoyorquina aseguraba: «Aquella cólera, aquella furia debía convertirse en Amor, que es siempre la base de toda verdad y, por tanto de toda belleza»[4].

El artista verdadero, cuando actúa con sentido crítico, emplea su arte con la máxima intención ética y estética. De esta manera, la actitud crítica del artista, lejos de ser mensajera de aniquilación, es desordenadora, no del orden natural, sino del desorden que encuentra en el mundo que habita. Su intención será, por tanto, contribuir a mejorarlo. Esta actitud, además, suscita la adhesión del receptor, en tanto que copartícipe de una necesidad de bien y verdad.
En el sentido contrario, constatamos que la provocación gratuita sólo acentúa el divorcio entre el creador y el público.


¿Para quién creamos?


Nuestro objetivo, siendo el hombre, lo es también el público. Deseamos permanecer con el público.

La experiencia del arte, cuando éste es liberador, sabemos nos acerca a sus receptores potenciales. No en vano, explica María Zambrano en El nombre y lo divino [5] , que no es auténtica reflexión aquella que no desvela, que no transforma, que no libera… De la misma manera, no es auténtico arte aquel que no consigue transformar y liberar a los destinatarios. Siendo liberados nosotros, nuestro arte nace libre y liberador, y el interlocutor, receptor del arte, experimenta con satisfacción esta liberación al relacionarse con nuestras obras.  Ya lo dijo Antonio Gaudí: «La belleza es el resplandor de la Verdad; como que el arte es Belleza, sin Verdad no hay arte. El resplandor seduce a todo el mundo; por eso el arte tiene esa universalidad. En cambio, la ciencia, el raciocinio, sólo son para inteligencias capacitadas» [6].

Busquemos al público, sí, pero busquemos, antes que nada, esta transformación y liberación para encontrarlo.


¿Por qué nos juntamos?


Entendemos que esta perspectiva, por humana, hace surgir el deseo de compartir el propio devenir: nuestra naturaleza de seres sedientos y en camino, en nuestro caso, llamados a la creación artística.

En este sentido queremos ser una ocasión para quienes buscan un lugar donde poner en común esta forma de entender su labor artística, y donde comprobar que desde esta perspectiva el propio horizonte creativo se ensancha y crece. El pintor de origen esloveno Marko I. Rupnik nos explica que un artista que esté bien adentrado en el gusto del lenguaje del arte contemporáneo será capaz de crear un arte fuerte en el que vibrará la vida dentro de un tejido de relaciones verdaderas [7].

Por esta razón, nos parece importante exponer abiertamente estos principios de acción, esta pasión que sostiene nuestra actividad; y encontrarnos con todo aquel que esté interesado en compartirlos o escucharlos.

 
 PLATAFORMA CREA3

 

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 [1] Platón, «Filebo» en Diálogos, VI. Filebo-Timeo-Critias. Gredos, Madrid, 1992.
 [2] Pedro Antonio Urbina, Filocalia o el amor a la belleza, Rialp, Madrid, 1988, p. 195.
 [3] Ibid., p. 199.
 [4] Marco Bardazzi, «50 años después» Huellas: 2002, enero.
 [5] María Zambrano, El hombre y lo divino¸ Fondo de Cultura Económica, México, 1955; reedición de la sucursal para España, Madrid, 2005.
 [6] Antonio Gaudí; cita José Luis Almarza et al., La Belleza Salvará el Mundo, Delegación de Pastoral Universitaria, Madrid, 2004, p. 103.
 [7] Marko Ivan Rupnik; Ibid., p. 97.